arte para qué

Arte para qué. La contemplación y la creación como herramientas del pensamiento

Imaginemos a un adulto decirle a un niño que no pierda su tiempo cuando éste dibuja feliz (o enfadado), canta o baila libremente. O pedirle que no admire durante largo rato  el brillo plateado del paso de un caracol sobre el pasto verde -imaginando mil cosas-, por que no le reportará ningún beneficio a largo plazo. Como adultos tendríamos que ser muy desalmados, vivir en un momento de guerra o tensión enorme, o estar muy enfermos, para decirle a un niño pequeño que no se exprese, no contemple la realidad, o no imagine. Expresión, contemplación, imaginación y arte, son herramientas del pensamiento humano.

¿A qué edad perdemos el privilegio de disfrutar de la expresión o imaginación libres? ¿Ser responsables implica perder nuestra capacidad de conectar con la belleza sin un motivo aparente? ¿y abandonar la ensoñación? Estoy de acuerdo en que los adultos debemos ser responsables, tener objetivos, trabajar por ellos, y ser eficaces. Pero… pensemos bien. El hecho de que un niño baile, pinte, juegue, contemple e imagine, son justamente las actividades que lo distinguen como un ser humano que aprende y se proyecta hacia el futuro con esperanza. Y por ello, nosotros, como adultos, deberíamos regresar, de vez en cuando, a ese estado de libertad. Será una forma de recargar nuestras energías y esperanzas. El arte y la creación son puertas o ventanas hacia el gozo, el cuestionamiento y la evocación, sentimientos tan humanos que nos han acompañado desde el origen de nuestra especie. Sí, aún antes de que el hombre tuviera cubiertas sus necesidades de alimento, sustento y refugio, ya dedicaba tiempo –muy valioso en circunstancias adversas– a las actividades creativas. Adornó los cuencos que transportaban su agua, las agujas con las que cosía las pieles que vestía, los bastones que le ayudaban a caminar y las paredes de sus refugios. El arte y la creatividad son rasgos humanos, herramientas poderosas del pensamiento.

Pero entonces, ¿el arte sirve?

Las respuestas a esta pregunta son complejas, y reflejan miradas desde muchas disciplinas. Se estudia el comportamiento humano, sus vestigios, la formación de sociedades, su arte, o las formas de pensamiento… Pero como no podría ser de otra manera, en este escrito voy a reflexionar sobre el tema desde mi formación de historiadora del arte, y desde mi experiencia como creadora de objetos textiles (si quieres saber más sobre mí, puedes leerlo aquí: https://miradasalvuelo.com/sobre-mi/). Como el tema es tan amplio como el arte, seguramente habré de regresar a él en otras ocasiones.

Volvamos al ejemplo de los humanos del paleolítico. Las razones concretas por las que crearon objetos bellos, representaron sus actividades de cacería en las paredes profundas de sus cuevas, o a sus mujeres en estatuillas, son difíciles de determinar. Pero si reconocemos que estos creadores estaban a merced de su entorno y dedicaron tiempo a la decoración de un cuenco, tenemos que aceptar que hacerlo les debía de parecer importante. Entre los especialistas hay muchas hipótesis (algunas contrapuestas y otras complementarias) acerca de este proceso. La función de estos primeros objetos es obvia. El ser humano diseñó o creó un recipiente para llevar agua porque le facilitaba la vida, pero inmediatamente lo decoró. Estampó patrones de hojas en su borde, o realizó incisiones en él para representar algo. Si quería disfrutarlo, distinguirlo, recordar una idea o quizá significar algo más, aún no lo sabemos. Pero es posible que quisiera todas esas cosas. En efecto, el arte nació a la par de las actividades que ayudaron a solucionar las necesidades más importantes de su ser.

Cada creación u obra artística “resuelve” un problema de expresión, función, tamaño, materiales, colores y formas. Entender la relación profunda entre esos elementos (en materia e imagen), permite proponer soluciones originales que involucran una manera de ver el mundo. La creatividad se vincula con la imaginación, que, como todos sabemos, mientras más se ejerce, más se amplía. Así que el arte es el resultado de la creatividad, pero también la detona, y por ello es una señal del avance del ser humano. Es un instrumento del pensamiento. El arte nació de la necesidad. Pero podríamos decir también que la creación expresiva es una necesidad. Yo hubiera querido tener clara esta idea a los 18 años, cuándo decidí estudiar historia del arte.

la creatividad puede dentarse

Estudiar o hacer arte: de prejuicios a herramientas del pensamiento

Cuando elegí la historia del arte como mi profesión, no faltaron expresiones de sorpresa o descontento. Bien, o malintencionadamente, varias personas me dijeron cosas como: “qué bonito ¿qué harás después?”; “Es una carrera que te dará mucha cultura (y conversación), pero ¿podrás vivir de ella?”; o de plano “¿a poco eres una EMMC (Estudio Mientras Me Caso)?”.

Por suerte mis padres ocultaron bastante bien su nerviosismo y me apoyaron. Y como me vieron muy contenta, ellos también lo estuvieron. Pero la pregunta “¿para qué estudiar historia del arte?” era común en las aulas. Los profesores y nosotros mismos la alzábamos frecuentemente. Una respuesta frecuente era aludir a nuestra felicidad, pues siendo felices nosotros contribuíamos a la felicidad del mundo… Nos reíamos y volvíamos a preguntar, pero “¿para qué?” Y por supuesto íbamos más lejos: “¿por qué existe el arte?”. Otra pregunta reiterada era: “¿habrá algo de verdad en la creencia de que el arte es un asunto de señoras ricas que toman café con galletitas?” Por supuesto esta idea me parecía y parece sumamente prejuiciosa… ¿a quién no le gustan el café y las galletas? y ¿quién no quiere dejar de preocuparse por el dinero? Pero poco a poco fuimos entendiendo que la creatividad artística era una manera de pensar, un instrumento o herramienta del ser humano tanto para preservar su camino, como para proyectarse al futuro.

Es verdad que un sector de la población ubica a la cultura, y al arte como “cosas” de la aristocracia o burguesía. Bajo esa premisa se asume que es un lujo ajeno a la realidad, y hasta pedante. Pero esa idea es diminuta como un grano de arena en la playa. Pues como hablábamos, el arte y la creación han jugado muchos papeles en la historia de la humanidad. No son “extras” de la capacidad humana, sino parte fundamental de ésta, son herramientas para la vida.

Mis amigos que estudiaron carreras destinadas a la creación no tuvieron un panorama más fácil. Sobre ellos solían caer el miedo a la pobreza y la condena a una vida tormentosa. Quizá algunos creyeron que ser artistas significaba aceptar la inestabilidad, sueldos variables y escasos, y sufrimiento. Otros incluso pensaron que vender su arte  significaba traicionar su sueño. Pero el estudiar a los artistas del pasado como lo hago yo, me hizo desterrar muy rápido y por completo ese mito. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el ser artista implicaba tener un oficio cotidiano. Los creadores aprendían reglas (y claro, las rompían de vez en cuando).  Trataban con clientes y les pedían adelantos para emprender las piezas. Tenían sueldos, hacían presupuestos, cobraban, vendían, lidiaban con aprendices y con la competencia. La creación, la creatividad y el arte fueron también empresas por momentos, y los artistas se promocionaban para obtener mejores ganancias. Sí. Miguel Ángel y Rafael dedicaron mucho de su tiempo al trato con sus comitentes, por ejemplo, los papas. Y Diego Velázquez servía al rey Felipe IV incluso con tareas que hoy nos parecerían distractoras de su talento pictórico.

Pensar el arte como algo ajeno a las necesidades humanas o bien como una actividad con pocas posibilidades de subsistencia, son prejuicios sociales. Y olvidan las muchas funciones que el arte cumple, en el conocimiento y expresión de las emociones. Desgraciadamente estos prejuicios son muy frecuentes en estos tiempos de pandemia.

Arte, crisis, y minimalismo mal entendido

Casi todos los días me encuentro una nota del periódico que reporta recortes presupuestales a la cultura y el arte, como si no fuera una necesidad humana. O bien leo declaraciones, quizá bien intencionadas, que señalan que ante la enorme crisis de salud, que derivará en una crisis económica, habrá que ceñirse el cinturón. Según esta visión deberemos consumir menos, trabajar más, y olvidarnos de cualquier tipo de hedonismo. El gran problema con esta idea es que desconoce que el placer y el gozo están ligados a la esperanza. Y el arte al patrimonio y a la identidad ¿Cómo saldremos de una crisis sin creatividad? ¿y sin la paz que nos proporciona la contemplación de algo bello? ¿o sin las preguntas sobre el ser humano que hace el arte?

Creo que está de moda enarbolar la idea de que el mundo está mal por que consumimos demasiado. Estoy de acuerdo con que el consumo irracional, desmedido, anti ético, y anti sustentable es quizá el peor de los males, pero una formulación general contra toda producción y posesión olvida el poder de la creatividad revelada en los objetos. Y su capacidad de relacionarse con nuestra historia, y pertenencia. ¿Cómo podrían ser malignos la creación y el arte si son necesidades humanas? Y si los objetos bellos significan, se ligan a la memoria y a las emociones ¿podemos calificarlos de superfluos? Sinceramente, ¿se imaginan estos tiempos de aislamiento sin creación, expresión, música, y belleza?

Como ya me he extendido bastante, quisiera empezar a enunciar algunas ideas finales, que desarrollaré en otros escritos de manera más profunda. Las mencionaré por qué completan lo dicho hasta ahora: el arte es una necesidad, y su contemplación y disfrute, de la mano de la creatividad, son absolutamente fundamentales para el desarrollo de la humanidad.

El arte: conocimiento y resolución de problemas

Quizá escucharas alguna vez la frase “Art is not a thing, it is a way” (“El arte no es una cosa, es una manera de hacer”) de Elbert Hubbard, exponente muy singular del movimiento del “Arts and Crafts” (Artes y oficios) norteamericano. Suena muy lindo, pero ¿qué significa? En mi opinión señala que la creatividad y el arte están vinculados indisolublemente. Como decía arriba: crear significa resolver una pregunta. Y por ello al observar y analizar el arte podemos aprender de las distintas formas en que otros pensaron el mundo. En efecto, el arte va más allá de la espontaneidad, pues el artista planea, diseña, ejerce su saber y su capacidad de previsión. El arte es una herramienta del pensamiento y el saber.

arte como necesidad

Los artistas además son especialistas en materiales diversos, conocen sus límites y posibilidades, y las llevan más allá. Su saber tecnológico es parte del conocimiento humano de la experimentación. A éste se suma la reflexión que hace el arte de las emociones, aspiraciones, formas de espiritualidad y prestigio de comunidades y personas. Desde que se amplió la visión sobre las distintas formas de la inteligencia (primero a 7 tipos y luego a muchos más), se ha hablado de una inteligencia visual, cinestésica o creativa (según el autor al que se consulte). En la historia del arte algunos preferimos  hemos llamar a esa inteligencia “pensamiento plástico”. Si aceptamos que el arte es una forma del conocimiento humano, y el disfrutar de él también nos permite aprender, podemos afirmar que el arte es una herramienta del saber.

arte como conocimiento

Arte y memoria

Giles Deleuze dijo alguna vez que “El arte es lo que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza”. Muchos autores, incluso dese la antigüedad, han señalado el papel fundamental del arte en la memoria. La creación de imágenes permite fijar las percepciones de sus creadores, y por ello hacer que pervivan en el tiempo. Pero también las emociones que produce el arte en los espectadores causan impactos que se guardan en los recuerdos. Ya que el arte puede tener la capacidad de cuestionar lo que creemos, o bien materializarlo, la relación que establecemos con él suele ser poderosa. Y eso crea conexiones profundas entre las distintas partes de nuestro cerebro.

Arte y mensaje

Magia, memoria, belleza, transformación y comunicación, son cinco palabras que considero claves cuando se habla de arte y creatividad. La producción de objetos bellos o sublimes se convirtió en un vehículo comunicativo. En ocasiones esta comunicación prescinde de las palabras, y en otras se mezclan con diversos medios visuales. Más allá de las palabras, el arte es al mismo tiempo forma y contenido. Transmite mensajes y sensaciones, y tiene un alto poder simbólico. Algunas veces los mensajes son muy claros, otras necesitamos descifrarlos. Pueden ser directos, o propiciar distintas interpretaciones. En ocasiones los contenidos se transmiten por medio de herramientas narrativas, pero también comunican las formas, colores y texturas. Si pensamos que en una conversación el lenguaje no verbal es más poderoso incluso que las palabras, quizá podamos medir mejor el poder de la comunicación sensorial.

Arte, gozo y emoción

El gran filósofo Friedrich Nietzsche dijo algo similar a esto: “Tenemos arte para no morir de la verdad”. Aunque la frase cambie un poco según su traducción, se refirió sin duda a la capacidad del arte de impulsar los sueños, las posibilidades, lo imaginado. Esta misma capacidad es la que le parecía peligrosa a Platón, y puede usarse también como medio de propaganda. Quizá las grandes bondades de la vida también a veces puedan ser interpretadas o utilizadas para conseguir efectos contrarios. Lo que parece incuestionable es la capacidad de arte de generar sentimientos, emociones y gozo. Si bien esa capacidad puede dar miedo, también nos permite entender por qué nos recarga, estimula, y cuestiona.

Por suerte para nosotros quizá la mayoría de las personas ya no vivimos en una sociedad que ve el disfrute como un pecado. Podemos permitirnos el goce. Te invito a usar el arte para él (especialmente en estos momentos de incertidumbre). Déjate sorprender. Visita museos y galerías, aunque sea virtualmente. Lee sobre arte. Visita páginas de artistas. Mira las redes sociales de artesanos y creadores (y dales tu apoyo). Saca un lápiz, dibuja, o pinta, o realiza una escultura. Ejerce tu propia creatividad. Inventa algo. Regálate un rato para admirar cómo las formas o colores te trasmiten sensaciones. Descubre qué te emociona. Re valora tus objetos y piensa en cuánta creatividad se necesitó para realizarlos.  Disfrútalos y atesóralos. Piensa en los recuerdos que te traen o en alguna ocasión en que el arte te aportó ideas o emociones. Disfruta el arte. El diseño. La creatividad. Aprende de ellos o simplemente siente. No hay una razón única para el arte. O para la utilidad del arte. Hay miles de ellas. Goza su diversidad.

Y para muestra un botón. Te recomiendo a perderte un rato en el maravilloso mundo del arte parietal paleolítico. Verás cómo el arte fue una herramienta perfecta para plasmar su sentir y pensar.

https://archeologie.culture.fr/chauvet/es

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