carta bordada sobre nuno fieltro

Carta a mamá: catarsis en forma de arte textil

A finales del 2022 trabajé diligentemente en la creación de una carta a mi madre para una exposición de arte textil: fue una catarsis. La muestra La carta jamás enviada, curada por Ana Mayoral (Palacio Postal, CDMX), exhibe 65 misivas escritas o dibujadas, por medio de agujas e hilos. Para muchas de las bordadoras fue una vivencia  profunda el escribir sabiendo que sus mensajes no llegarían a sus destinatarios de la manera “normal”.

Cada carta expuesta cuenta una historia de amor, desamor, ausencia o presencia, imposibilidades y posibilidades. Cómo señala la cédula introductoria (que tuve el honor de hacer), algunas se escribieron sobre textiles significativos, volviendo los materiales en otro vehículo expresivo. Las palabras o imágenes estás cargadas de emoción. En conjunto son una poderosa llamada a la memoria y los sentidos.

Yo escribí desde la ausencia, pues mamá murió en 1994, hace toda una vida. Mis palabras, puntada a puntada, me ayudaron a expresar mis sentimientos con paciencia (o impaciencia a veces), cariño y tristeza. Fue un proceso de encontrarme en mi madre, como madre. Escribir esta carta fue profundamente catártico. ya que el bordado requiere tiempo y dedicación, y el fieltro es una técnica transformadora.

Su pañuelo y el fieltro

Mi carta está bordada sobre lo que alguna vez un pañuelo de mi madre, con todo y sus coquetas florecillas en las esquinas. Mi memoria siempre evoca a mi madre usando pañuelos desechables, así que éste no era familiar para mí. Lo encontré en una caja en que ella guardaba pequeños “tesoros”. Recuerdo que al verlo pensé que ese gastado, un poco manchado y raído textil, habría sido un receptáculo de sus lágrimas. Lo atesoré también.

Muchos, realmente muchos años después, ese pañuelo estaba entre sus pañoletas, mascadas y demás, y yo evaluaba cada textil para transformarlo. En el fieltro hecho a mano pueden incluirse telas, que se integran al paño de lana dando cualidades increíbles. Ese proceso se llama fieltro nuno (puedes leer sobre él aquí), y en ese momento quería transformar algunas de sus telas en algo nuevo.

El pañuelo fue mi primer candidato. El algodón se afieltra generando una textura poderosa, y la idea de sus hipotéticas lágrimas regresó. Podía cambiar la fragilidad del textil, y honrar sus lágrimas al transmutarlo en una tela fuerte y expresiva. El lienzo sería un buen espacio para una carta que algún día bordaría. Lo hice y lo dejé guardado para después. Todo ello ocurrió a finales del 2021, en plena pandemia.

La escritura de la carta

Cuando Ana me mandó la invitación para participar en el proyecto, le conté agradecida que tenía un lienzo de fieltro hecho con su pañuelo. Sentí que había llegado el momento. El proyecto, además, me pareció desde el inicio, sumamente poderoso. Ahora tenía que pensar qué decirle a mi madre en su pañuelo.

Fue una de las partes más difíciles de la creación. Me fui de vacaciones agotada, y en los amaneceres del pequeño paraíso no dejaba de pensar en mi madre. Quería compartir esos instantes en que la luz logra dominar la oscuridad y los pájaros cantan, al ritmo de las olas, ver a los patos buscar comida… también pensaba en las “cosas importantes” de mi vida que ella no conoció… me casé, soy madre, estudié más, ahora afieltro pañuelos…

Un par de semanas después empecé a escribir, presionada ya por la fecha de entrega. Sé que bordar es un proceso a fuego lento. Todas las versiones de mi carta eran demasiado largas. Quería decir mucho, pero necesitaba que cupiera en el pañuelo. Debía elegir una tipografía adecuada para trazar con hilo. Edité muchas veces.

Finalmente, después de muchos intentos, le llamé a mi hijo y le pedí que la leyera. Me abrazó largo y cariñoso, diciendo “que bien me conoces”. Ese abrazo selló mi decisión de empezar.

Elegí un hilo color vino (uno de los favoritos de mi madre), de seda y de factura comercial, es decir más regular. Esas características ayudarían a la lectura. Usé un plástico hidrosoluble para calcar la carta, tensé con alfileres y me di a la tarea.

El bordado

Tenía que tomar en cuenta el proceso de bordar sobre una superficie rugosa y gruesa. Al no contactar con material extra para hacer pruebas usé la misma carta. Traté con algunos colores e hilos. Tenía que usar un hilo que resaltara, pues los otros se perdían con la textura. La puntada debía ser tallo.

Todo artista textil, bordador o fieltrista, habrá entendido ya que mi decisión fue riesgosa. El paño de fieltro era grueso, así que se descartaba el uso del bastidor. La carta era larga, así que había que cuidar constantemente no mover, mojar o calentar el plástico. Me pinchaba constantemente las manos con los alfileres de tensado. El hilo de seda se resbalaba y enredaba tooodo el tiempo. El proceso me puso a prueba.

Por suerte empezaron mis vacaciones. Al poquito tiempo me di cuenta que tenía que bordar muuuuchas horas al día para lograrlo. A la emoción de la carta, del destinatario, y del proyecto, se sumaron las dificultades y el cansancio. Por supuesto se acabó el hilo, no llegó a tiempo el que pedí en línea y tuve que buscarlo en casas de alta costura. Ahora tengo mucho hilo vino de seda.

Pensar en mi madre me hacía seguir. Aprendí mucho en el proceso para facilitarme la vida. Ahora sé que para bordar en fieltro nuno, sobre plástico hidrosoluble, y con hilos de seda, ayuda tensar el plástico con una puntada de hilván. El largo del hilo debe ser corto. Y las letras pueden escribirse un poco salteadas, incluso adelantar partes de algunas en las filas de abajo.

El sobre

Lo último que hice fue el sobre, por supuesto, de lana merino, igual que el paño. Decidí que por dentro tendría colores acordes a los de la carta, y por fuera sería negro, excepto por algunas figuras. No tiene dirección. Es su receptáculo protector. En vez de palabras, colores.

Al fin y al cabo arte textil

Bordar mi carta fue un proceso artístico catártico. Puntada a puntada, articulé y desarticulé mis palabras. Me concentré en su significado, o en el simple hecho de conseguir una curva. Aprendí con ello una forma de desapego, y otra de enraizamiento de mis sentimientos. Nada mejor que la creación o la contemplación para movernos por dentro.

Te invito a escuchar mi carta aquí.

Puedes visitar la exposición de lunes a viernes de 10 a 4,  y sábados de 10 a 12, hasta el 18 de mayo, en el Museo del Palacio Postal. Pregúntales a los guardias como subir.

Tacuba 1, Centro Histórico, CDMX.

Metros Bellas Artes y Allende.



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