Andanzas del sur. Redescubriendo San Cristóbal las Casas y su arte

Este junio (2019) tuve la oportunidad de participar en un doble curso en San Cristóbal de las Casas, Chiapas con el Seminario Taller de Escultura Policromada (ENCRyM-INAH) al que pertenezco. Por un lado, hablamos sobre conservación y restauración de escultura policromada, y por otro dimos una introducción a los retablos. En ambos casos, por supuesto hablé de historia del arte (al lado de un querido y admirado colega), y de cómo ésta aporta muchas herramientas en la valoración de la escultura y los retablos.

La participación en el curso precisó que antes de salir de un difícil final de semestre estuviera ya preparando clases y materiales para uno nuevo… Y aunque por supuesto valió el esfuerzo, cada vez me convenzo más de que es muy sano cerrar procesos y meditarlos antes de iniciar otros. Idealmente así sería mi vida. (#yaquisiera)

Quizá cuando uno estudia una disciplina da por hecho que ésta es importante para el mundo. Pero esto casi nunca es así. Por lo menos en mi experiencia la historia del arte no suele verse como “necesaria”. “Bonita” sí, pero no “importante”. Claro que los historiadores del arte habitualmente estamos de acuerdo en lo positivo de la formulación de considerarla “bonita”, pero muchas veces preferimos resaltar la parte más importante de nuestro trabajo. Cuando daba clases a historiadores del arte les decía que era verdad que al ser uno feliz es más fácil hacer felices a los demás. Y que difundir la felicidad por el mundo ya justifica que uno se dedique a su pasión. Pero creo que, además, la historia del arte nos ayuda a entender lo que vemos, y a generar conocimientos a partir de la relación entre nuestra mirada y el entorno. Por ejemplo, interpretar las formas en que los artistas virreinales resolvían sus obras nos pone frente a su creatividad particular, sus capacidades manuales y sus tradiciones visuales y tecnológicas, que sintetizaron el sentir, el pensar y el simbolizar de cada uno de ellos, así como  de aquellas personas que les encargaron las piezas, las admiraron, o rezaron ante ellas. Por ello la historia del arte nos permite ver tanto lo individual, como lo colectivo de momentos determinados de la historia. La historia del arte nos puede proporcionar herramientas de acercamiento para interpretar las construcciones sociales, simbólicas, visuales, y hasta emotivas de lo que está al rededor de nosotros. Sí, la historia del arte tiene infinidad de maravillas que aportar.

Poner estos conceptos a la consideración de los restauradores me ha ayudo a pensarlos para mí y mi propio desarrollo académico y humano. Trabajar en el entorno de la restauración, con colegas también de otras disciplinas y ciencias ha sido una suerte que me ha enriquecido enormemente.  Al trabajar con ellos aprendo todos los días, y creo que aprender es una de las mejores cosas que podemos hacer. El curso en Chiapas fue un intensivo en este sentido.

Hacía como 20 años que no pisaba esos suelos chiapanecos y encontré muy cambiado San Cristóbal. Refrendé mi sensación de que es un lugar muy complejo, lleno de maravillas de antes y de ahora, y de manos artesanas que hacen objetos bellísimos, en particular textiles. Y claro, como digo siempre: “lo que miramos conforma nuestros pensamientos”, por lo que aprendí montones de llenarme los ojos de tanta belleza, por ejemplo en Centro de Textiles del Mundo Maya, dentro del Museo Regional. Es un espacio increíble donde yo podía llorar de felicidad, que contiene las colecciones del Patronato de la Colección Pellizzi, A.C. y la de Fomento Cultural Banamex A.C., exhibiendo una selección de Cándida Fernández. La belleza, sutileza y creatividad de las piezas permite entender la importancia de los textiles en la vida de sus creadores, y eso refrenda la necesidad de valorar el trabajo textil. Si no conoces este espacio y amas los textiles, debes ir con tiempo y abrir las gavetas que cuidadosamente guardan tesoros coloridos.

Creo que me sentí inspirada por los cielos nubosos de San Cristóbal, y por todas esas piezas textiles maravillosas. Así que, humilde, pero conscientemente y mientras escuchaba a mis brillantes colegas, empecé a bordar una pieza de cianotipia para mi hijo que había impreso tiempo atrás y, que resalta la magia infinita de su imaginación. Semanas después pude terminarla y espero montarla pronto para que pueda tener en su habitación un recuerdo que los pensamientos también se conforman de imágenes.

Me propongo y te propongo observar cuáles son las imágenes que inspiran tus mañanas, o los pensamientos automáticos que tienes mientras te duchas. Si no hallas en ellos belleza, regálate una sesión de arte, para que un poco de felicidad te acompañe.

Te invito a navegar por mi página para inspirarte con otro tipo de textiles, o indagar sobre mis andanzas académicas, así como te recomiendo que te unas a la cuenta de Caralibro del Centro de textiles del Mundo maya:

https://www.facebook.com/centrotextilesmm/

 

Hasta pronto,

 

Paula Mues Orts



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